Maratón del Everest
Fecha: Mayo de 2023
Lugar: Cordillera del Himalaya, Nepal
Objetivo: Correr el Maratón del Everest y recaudar 5.000 €
Total recaudado: 6.374 €
Destino de los fondos: 5.000 € para repartir 13.167 comidas en las calles de Katmandú durante 40 días y 1.374 € para comprar 120 mochilas con material escolar para los niños del Rainbow Volunteer Club.
El 29 de mayo de 1953, Edmund Hillary y Tenzing Norgay Sherpa se convirtieron en los primeros seres humanos en pisar la cumbre del monte Everest, la montaña más alta del planeta. Y desde hace veinte años, desde 2003, el aniversario de aquel momento se celebra con una competición muy especial en la cordillera del Himalaya: el Maratón del Everest.
Es la prueba de atletismo más alta del mundo. Son 42 kilómetros de carrera entre el campo base del Everest y el pueblo de Namche Bazaar, en el valle del Solukhumbu. Un reto extremo para el organismo, con temperaturas bajo cero y altitudes en las que el oxígeno escasea. La aclimatación del cuerpo a estas condiciones adversas es crucial para cualquier atleta que quiera competir en esta prueba.
Hacer un trekking hasta el campo base del Everest ya es un enorme logro. Pero correr a altitudes cercanas a los cinco mil metros es un reto de proporciones dantescas. La logística, la preparación y el equipo necesarios para participar en este maratón son muy exigentes.

En 2023, un año después de escalar el Everest, volví al Himalaya decidido a unirme a los cientos de atletas que cada año participan en esta competición. El sueño era embarcarme en otra aventura y unir dos grandes pasiones: el montañismo y el atletismo. Al mismo tiempo, quería recaudar fondos para seguir ayudando a los niños de Nepal a través del proyecto Dreams of Kathmandu.

Con esta nueva epopeya quería recaudar 5.000 € y pagar diez mil comidas a niños nepalíes con graves carencias nutricionales. Niños como nuestros hijos, que piden limosna en las calles de Katmandú y se acuestan por la noche con el estómago vacío. Me enteré de que muchos comen ratas para sobrevivir. Es indignante. El objetivo de la campaña era cambiar la vida de cuatrocientos niños y darles de comer todos los días durante un mes.
A decir verdad, nunca había estado tan bien preparado para una prueba de atletismo. Me sentía mejor que nunca. En los últimos meses, había mejorado mucho físicamente. Los entrenamientos de carrera, el gimnasio, una alimentación cuidada, la práctica de nuevos métodos de respiración y todo lo que había aprendido sobre las características de la prueba me garantizaban, de entrada, un buen resultado. En febrero de 2023, tres meses antes de la competición, volví a viajar a Kenia para entrenar en altitud.

La estrategia era empezar despacio e ir acelerando poco a poco. Sin embargo, la mala suerte llamó a mi puerta nada más empezar la prueba. Al adelantar a un grupo de yaks en un sendero lleno de piedras, apoyé mal el pie y me hice un esguince. Solo iba por el kilómetro siete. Desesperado y lleno de dolor, no podía correr, solo cojear con dificultad.
En el primer puesto de control, me propusieron llevarme en helicóptero hasta Namche Bazaar o a lomos de un caballo. Rechacé ambas opciones. Somos las decisiones que tomamos en los momentos difíciles. Faltaban treinta y cinco kilómetros para llegar a la meta, pero decidí que iba a terminar aunque tardara una semana.

Completé la prueba en siete horas y media, con enormes dificultades, pero con la bandera de Portugal en las manos. Fue una hazaña notable, teniendo en cuenta mis limitaciones físicas. Sin embargo, la alegría duró poco y a la mañana siguiente me evacuaron de urgencia en un helicóptero rumbo a Katmandú. Tenía el pie hinchado como una patata y pasé la noche en el hospital.
Me diagnosticaron una rotura de ligamentos en el tobillo izquierdo y el médico se sorprendió al saber que alguien había corrido treinta y cinco kilómetros con el pie en aquel estado. No volví a entrenar hasta pasados tres meses. Hicieron falta muchas sesiones de fisioterapia para recuperarme del todo.
Lo más importante es que al final no recaudé solo 5.000 €, sino un total de 6.374 €. La respuesta de los donantes fue increíble. De esa cantidad, 5.000 € se destinaron a repartir 13.167 comidas en las calles de Katmandú durante cuarenta días. Los 1.374 € restantes se destinaron a comprar ciento veinte mochilas llenas de material escolar para los niños del Rainbow Volunteer Club.
Es verdad que me lesioné, pero gracias a este sacrificio volví a llenar de consuelo y esperanza el corazón de los niños de Nepal.
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